La “chata” nacional y popular fue presentada por el General Perón el 1º de mayo de 1952 en un acto popular en el obelisco y formaba parte de la serie de vehículos “Justicialistas” que fueron concebidos en el marco de un conjunto de relaciones sociales, económicas y políticas tendientes a crear y adaptar tecnologías a partir del reconocimiento de las necesidades de los trabajadores.

En 1951 el Presidente Juan D. Perón firmó el Decreto 24103 con el que se fundó la Fábrica de Motores y Automotores y al año siguiente se creó IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado) un complejo industrial diseñado para la producción de aviones, tractores, motocicletas y autos con el cual se sentaron las bases para el desarrollo de un sector estratégico que hasta ese momento no integraba actores locales, el de la industria metalmecánica argentina que en sus casi 30 años de existencia llegó a emplear a unos 10.000 trabajadores.

El Rastrojero nace producto de la casualidad, fue cuando el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), un organismo que entonces regulaba el comercio exterior del Estado, importó de Estados Unidos una partida de 2.500 tractores Empire a bajo precio para donarlos entre los trabajadores chacareros, pero un error de diseño los hacía inservibles. El presidente de IAME, el brigadier San Martín, intentó recuperar la inversión y se organizó un equipo de trabajo que desarrolló dos vehículos: una rural “Gauchita” y una pick up “Rastrojero”. Se trabajó rápido y los prototipos fueron presentados 67 días más tarde el 1º de mayo de 1952 junto al justicialista, el primer auto producido totalmente en nuestro país. La serie inicial fue de 2.500 unidades y hacia 1966, alcanzó a abarcar el 78% del mercado de pick up diesel de nuestro país. En 1969, salió de la línea de montaje el Rastrojero Nº 50.000 y en 1975 se alcanzó un récord de producción anual que superó las 12.000 unidades.

La producción del Rastrojero fue un hito en la industria nacional, combinó el diseño a partir de autopartes originales de producción 100 por ciento local, la producción automotriz a bajo costo, una política estatal que la patrocinaba y que planificaba su desarrollo. Todo esto la hizo tan competitiva que frente a las presiones de las multinacionales Volkswagen y Ford y como parte del plan de destrucción de la industria nacional y la economía argentina, Martínez de Hoz en 1980 cierra la fábrica dejando en la calle a sus miles de trabajadores.